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¿Alguna vez te has detenido a pensar cuántas veces al día tomas decisiones? El simple hecho de levantarte de la cama ya es una decisión, la ropa o zapatos que elegiste, si tomas desayuno o no, si vas en taxi o manejas, etc.

Todos los días de nuestra vida tomamos decisiones. Algunas de ellas de manera automática, como cuando manejas y debes meter el clutch para cambiar de velocidad; otras son más complejas, como por ejemplo, el decidir de quién aceptarás inyección de capital para tu empresa.

La inteligencia emocional nos proporciona el panorama en el que nos encontramos a nivel emocional y nos permite descubrir cuáles son nuestras áreas de oportunidad. Al trabajar estas áreas podemos hacerle frente de una manera más consciente a las situaciones que surjan en nuestra vida cotidiana. 

En todo momento, tanto la inteligencia emocional como la toma de decisiones deben ir de la mano, convirtiéndose en un conjunto de competencias básicas para cualquier persona, como tú, que se adentre al mundo laboral como líder, dentro de una empresa o que tome el camino del emprendimiento. Esto logrará que cada paso que des en la construcción de tu proyecto sea certero y firme.

Las forma en que tomamos nuestras decisiones pueden cambiar o potenciar tu desarrollo, así como el curso de la empresa. He ahí la necesidad de tener la mente clara cuando tú como líder estás tomando una decisión. 

La carga puede resultar pesada e incluso bastante comprometedora, pero el punto es que tú eres el líder por algo más que el conocimiento o la experiencia, sino porque además cuentas con el temple para estar en la posición dónde te encuentras.

Hombre tomando decisiones

¿Cómo tomar decisiones?

En el cómo hay varios puntos importantes, mi objetivo es darte algunas herramientas que te permitan hacerle frente de una mejor manera a cualquier situación.

Pensemos que estás en el trabajo y debes tomar la decisión de hacer un recorte de personal:

  1. Identifica cómo te sientes al respecto.
  2. Analiza qué conductas puedes tomar ante esa emoción para que puedas controlarla y no interfiera en tu decisión final. 
  3. Revisa cada una de las posibles soluciones y trata de extrapolar los resultados de cada una, tomando en cuenta que algunas serán inciertas debido a que no conocemos a ciencia cierta cómo podrían reaccionar los demás involucrados
  4. Pon en una balanza los pros y los contras de cada uno de los resultados que podrían desencadenar y no pierdas de vista tu objetivo. Como lo mencionaba anteriormente, no podemos controlar la reacción de los involucrados, pero lo que sí podemos hacer es valorar la situación y anticiparnos. 
  5. ¡Ahora sí, lleva a la acción! 

Seguramente pensarás, hay decisiones que se tienen que tomar muy rápido. Sin embargo, te puedo asegurar que con que te tomes un minuto, respires lento y profundo, será suficiente para que el siguiente paso que des sea más certero. Si te dejas llevar por la premura, los resultados de esa decisión reflejarán, de manera negativa o positiva, el cómo te encontrabas en ese día. ¡No permitas que factores externos a ti o la falta de control de tus emociones marquen el rumbo de tu desarrollo!

Te invito también a reflexionar sobre los resultados obtenidos, esto te permitirá mejorar e incluso enfrentarte de una mejor forma en una situación similar.

Envíame un correo y platiquemos: [email protected]


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